12 abr. 2017

"Camilando" por la vida







Esta vez la lotería tocó un día antes. El día 21 de diciembre en la mañana, bien tempranito, casi casi de madrugada, un predictor nos avisó de que llegabas a nuestra vida para hacernos aún más felices. Había que estar seguros. Pasaron cinco minutos y  esta vez el segundo predictor tenía un mecanismo curioso de aviso. Emitía un pitido. Lo escuchamos en silencio en el cuarto de baño avisándonos de  que la vida se abría camino  y al menos por momentos  me sonó a “Que sí, pesados, que Camila viene”. La felicidad se había confirmado.

Desde entonces ya nada fue igual porque desde ese día nos invadió una extraña sensación de que todo se reseteaba como si ahora la vida, la auténtica vida, comenzara de nuevo.

Teníamos pensando tu nombre desde hace años pensado tal vez o fantaseado en las primeras citas de tus padres en algún paseo por el Puerto de la Cruz o en la Avenida de Anaga. Y ahora es una suerte hacerlo realidad.

Vendrás en agosto, pero desde hace ya tiempo vivimos con la ilusión de los que esperan y se desesperan, inventándonos mil juegos y conversaciones contigo, soñando tus primeros pasos, tus primeras palabras:  “papá” y “mamá” y tu primera sonrisa con dientes.

La pata-bebé que ya te hemos regalado me pregunta todos los días por ti. Está impaciente porque llegues. Y el pasillo, este inmenso pasillo de casa, está deseando que lo corretees a todas horas. El mundo, nuestros amigos y la casa te están esperando, Camila.

Te esperamos para formar esta una familia con un padre psicólogo y una madre periodista, así que prepárate porque te vamos a hacer hablar quieras o no. Tendrás sangre española, italiana y venezolana pero prometo ayudarte a elegir con qué selección iremos a los mundiales.

Y cuando crezcas, recuérdame una tarde que te avise del peligro de las letras de las canciones de Maluma. No me gustaría que nada te limitara ni que te desvíe de quien eres y de lo mucho que vales.

Te hablaremos de tu abuela, Conchita, mi mamá,  y de lo maravillosa y lo buena que era. Le habría encantado cogerte en sus brazos. Y también de tu bisabuelo,  Enrique, el abuelo de mami,  una de las personas más nobles del mundo. Seguro que cuando duermas en tu cuna más de una noche te parecerá  escucharle silbando tu nombre.

Les hemos pedido a los dos que desde donde estén cuiden de ti y que te ayuden sobre todo a ser una niña feliz. Daría cualquier cosa porque te parecieras a ellos.

Quiero pensar que la magia que nos envuelve desde que sabemos de tu llegada va a seguir existiendo y que obrará el milagro necesario para que estas palabras salgan volando y atraviesen la barriguita (cada vez más barrigota) de tu madre  para que te abrigues con ellas mientras duermes ¡Ojalá la ilusión lo haga posible!


Si eso fuera así, si estas palabras te llegan y arrullan te pido por favor, Camila mía, que en la próxima ecografía con tu manita recién formada nos hagas una señal.


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